Hace 40 años que se abrieron las urnas. Perdonad que vuelque aquí mis nostalgias. Había sido una campaña especial, nada que ver con las de hoy. Tuve mitin casi cada día, a los que la gente acudía en masa. Pegadas de carteles, reparto de votos casa a casa, venta de bonos y camisetas para financiarnos, mucho trabajo militante de mucha e ilusionada militancia. Hacia poco que tenía novia y la pobre no me veía el pelo. Nunca olvidaré como se me abrazó llorando al terminar un mitin con Ignacio Gallego en Fuente Palmera, mi pueblo.

Era ese día un punto de llegada, una victoria en si misma para ”el partido”, era el único partido, el que luchó y pagó con sangre no rendirse nunca ante el dictador. El que aglutinó a los demócratas, los organizó y formó alianzas con todo aquél movimiento que permitiera crear un gran bloque democrático. Nadie estaba excluido de ese diálogo, a priori. En una detención, un compañero que tuvo la mala suerte de venir conmigo, que nunca antes estuviera en un cuartel, al salir libre me echó una bronca, me llamó loco porque, en sus palabras, ”había que estar loco para intentar afiliar al partido a los guardias civiles” que nos interrogaron.
Me acordé ayer al escuchar al portavoz del PSOE, recordar que el fue militante de las juventudes comunistas y lo que aprendió de los viejos militantes, de su entrega, su visión amplia, generosa y de futuro de una España nueva.

No había otra, era obligado. Cuarenta años de represión cruel, de miedo a flor de piel, de fusilamientos y cárcel de comunistas enemigos de la patria. Cuarenta años de NoDo, de Radio Nacional y TVE, de catequesis franquista, habían creado una España casi uniforme. Las plazas se llenaban aclamando al grito de Franco, Franco, Franco. Dos años antes, con 17, fui detenido por primera vez poner la única pancarta que no había sido pintada con consignas a favor del régimen, en la visita a mi pueblo del Ministro de Hacienda. El 6 de julio hará 42 años.

Dos años después, un día como hoy esa gente votaba a partidos distintos. Había algunos recién creados, otros resucitados. Hacia dos meses que ”el partido”, el de ”los comunistas” había sido legalizado tras su demostración de fuerza y razón democrática en el entierro de sus últimos cinco muertos. Los abogados asesinados en la calle Atocha de Madrid por un régimen sin salida e impotente, fueron la última semilla de la libertad. La hija de uno de los heridos fue la candidata propuesta en la moción de censura que presentó Unidos Podemos a Cristina Cifuentes. Los aprendices de Rafael Hernando la llamaron traficante, pederasta y nazi. Creedme que reconozco el odio sufrido cuando los escucho. Cuando escucho a Rajoy llamarnos extremistas radicales, porque no robamos, porque censuramos casi solos a los que nos siguen robando cuarenta años después. Pablo tuvo que hacer memoria, porque a ellos les sigue quemando su historia porque es su presente, porque tienen miedo de que ellos no sean nuestro mañana.

Ese mañana que creí empezaría a llegar el 15 de julio de 1977, cuando poco antes de abrir las urnas veíamos, el presidente de mesa y yo, desde la puerta, que los compañeros preparaban una fiesta para celebrar el día. Sorprendido me preguntó que por qué era aquello, que no creía que ganara el PCE. Le respondí que ya habíamos ganado, que el resultado no importaba. El pueblo ha podido votar, esa es la victoria. Ahora lo que decida es cosa suya. Nosotros ya hemos ganado, y lo vamos a celebrar aunque no tengamos más votos que los nuestros.

También lo recordé ayer cuando Unidos Podemos ganó con el orgullo de haber salvado, casi solos, la Dignidad de no rendirse ante la corrupción de los herederos de la Dictadura.

También celebramos que ganó, frente al miedo y el insulto, la fuerza de las palabras cargadas de Dignidad y de futuro. También esas palabras de Irene y Pablo, son semillas esperando tierra fértil. Celebramos que seguimos sembrando Libertad.