¿Imagináis en Alemania una polémica similar por sacar el cadáver [nunca mejor definición de la acepción -si no verdadera, al menos bien contada– “carne (caro) dada (data) a los gusanos (vermibus)”] de quien alimentó a insectos, orugas y larvas con los restos de decenas de miles de compatriotas y remató la vesanía con un mastodóntico monumento construido en su honor por mano de obra esclava? ¿Y que además en el engendro arquitectónico se mezclasen huesos de WaffenSS/SA/Gestapos con cenizas de los cremados en los campos de concentración bajo la excusa de una hipotética “reconciliación”?

¿O que un considerable número de oficiales del Ejército que hasta ayer coparon los altos mandos del escalafón demuestren pública e impunemente que siempre se limpiaron el trasero con el papel asignado a las Fuerzas Armadas por la vigente Constitución en su artículo 8.11* y ensalcen a un criminal? Es para temblar saber el pelaje verdadero de los individuos en quienes hemos estado depositando el monopolio del uso legal de las armas.

¿O que un nieto del asesino, beneficiario al igual que el resto de la familia de la riqueza acumulada por el abuelo matador, vaya a los platós televisivos a ensalzarlo y criticar decisiones de gobiernos electos, apoyadas por la mayoría del Parlamento?

Mayoría, no la unanimidad imposible por el “No“ del PP y la abstención de Ciudadanos (entre los dos suman 11 millones de ¿demócratas?).

En nuestro país contradiciendo a Trostky, por desgracia no es la revolución sino el Franquismo, Fascismo, Conservadurismo intolerante lo que parece instalado en nuestras vidas de forma permanente.

Y esa peculiaridad española no la da el agua ni cae del cielo, es producto del secular dominio ideológico de una casta dirigente que, apoyada en la tradición religiosa, ha sido capaz de convencer a un importante sector de la clase popular que defendiendo los intereses del amo hace lo propio con los suyos.

Eso se ejemplifica en la curiosa y manipuladora manera de pensar que califica como “abrir heridas” el pedir una mínima dignidad en la recuperación de las decenas de miles de restos que jalonan las cunetas mientras echan espumarajos por sus bocas ante el futuro traslado –con la dignidad que nunca se mereció- de los restos del dictador Franco.

La sanación para estas preclaras mentes pasa por dejar la herida podrida, lacerante y sin cerrar, tal cual está desde los años treinta. Ya se sabe que los rojos pertenecemos a una subespecie humana que carece de sentimientos y no sentimos dolor por los ancestros al estar solo un peldaño más alto que los animales en la escala evolutiva. Y para más inri a la izquierda de Dios.

Y para ellos la insensibilidad y falta de empatía con otras víctimas es compatible con rasgarse las vestiduras defendiendo la memoria de un tipo como Franco que por méritos propios siempre ha jugado en la Champions League de grandes asesinos del siglo XX. Un crack en lo suyo, en el arte de matar. Y no hacen ascos a convertirse en clac, aplaudiendo o intentando justificar las acciones de quienes pretenden extender por los rincones patrios el fascismo sordo del miedo.

Llama la atención el tratamiento informativo de todos los medios generalistas en los últimos días -laxo, pobre, aguado- al intento de agresión a Alberto Garzón o al asesinato de Javier Ardines, concejal de IU en Llanes. Me imagino que hubiese pasado si un energúmeno de izquierdas hubiese intentado golpear a Casado/Rivera y a sus mujeres embarazadas al grito de “Corruptos. Viva la Tercera República”. Lo de odio, cainismo e intolerancia hubiese taladrado las ondas y nuestros tímpanos.

¿Y que hubiesen dicho si el asesinado a traición fuese un cargo electo del PP, Ciudadanos…o PSOE? “¡Vuelve el terrorismo, tolerancia cero con la violencia, todos contra los asesinos!” Y por supuesto los descerebrados que en las redes sociales han aplaudido las acciones coparían las entradillas de los informativos mientras eran detenidos por “incitación al odio”.

Tiempos duros, tiempos salvajes donde los que mandan están apelando a los instintos más primarios y a las vísceras y mientras se llevan la gran parte del botín gritan al trabajador explotado ”Ten cuidado que ese negro, moro, sudaca quiere quitarte las migajas que te he dejado”.

Y no confiemos que el remedio o el freno pueda venir de la mano de un Gobierno PSOE. De ellos, parafraseando a León Felipe, tenemos la experiencia de que en gobiernos anteriores nos han dormido con todos los cuentos y sabemos todos sus cuentos. Nunca irán a la raíz del problema si esto implica cuestionar el status quo de los que mandan. No esperemos que vayan más allá de una política de gestos siempre que no cuesten, tipo exhumación del dictador, a no ser que la ruta mental del esperanzado tenga parada y fonda en Fátima, Lourdes o cualquier otro lugar de milagrería.

Por eso es fundamental el rearme ideológico. Ni un paso atrás en las convicciones de solidaridad, justicia social e igualdad que nos traspasan. Es la forma más segura de no ser lobotomizados para engrosar las filas de los nostálgicos de un pasado que nunca fue bueno o positivo para la inmensa mayoría de la clase trabajadora.

No olvidemos que a la canción infantil de “Franco, Franco que tiene el culo blanco…” no estaba permitido añadirle el verso completo “Y las manos rojas de sangre derramada”.

Y vaya que lo estaban. Teñidas de bermejo intenso.

*Art.8.1 “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional“.

Fuente: Colectivo Prometeo