Debo reconocerlo. El pasado sábado 21 de julio los 1701 compromisarios votantes de Pablo Casado, hicieron un ejercicio de contención. Aunque el cuerpo les pedía gritar el remedo hispano del “Deustchland, Deustchland über alles” (versión “Una, grande y libre”) para sin tregua dar paso al “Volverán banderas victoriosas, al paso alegre de [nuestra] la paz”, se conformaron con los gritos de rigor, sin ir más allá del ¨presidente, presidente”.
Se impuso la lógica de quienes propician el discurso de la ensoñación, ese  capaz de mantener el axioma “En España una ardilla podría cruzar el Estado de Norte a Sur sin dejar nunca de posarse en un balcón del que colgase una bandera rojigualda con aguilucho”. No hay  nada mejor que ofrecer a los “hooligans” las certezas de la simpleza, sabiendo que los destinatarios llevan de serie estómagos aptos para tragar todas las ruedas de molino que se tercien siempre que el embaucador de turno tenga la precaución de gritar primero “Por Ehhpañaa”.
Ya se sabe, frente a la resistencia del “¡No pasarán!”, la seguridad que da saberse rodeados de una  militancia que se reconoce en el “¡No pensarán!”. Ventajas de compartir una fe capaz de mover montañas.
Adelantando la fiesta religiosa a un sábado, los fieles peperos congregados en el hotel Marriot Auditorium festejaron la “resurrección” ideológica del neocatolicismo corrupto adobado con el brazo de Santa Teresa. Cuando el nuevo ungido (tiene entre sus méritos religiosos el de virginidad en el apartado “oficio reconocido fuera de la liberación política”) anunció el freno y marcha atrás en aspectos como la eutanasia y el aborto, el 30% de los presentes, con doble militancia en “Háztelo mirar”/“ Hazte oír”, emularon a la santa antedicha y entraron en éxtasis con levitación.
A la algarabía se sumó el ¿50%? de simpatizantes de la F.F. (Fundación Franco) en el lugar al  escuchar al Mesías identificar enemigo con antiespañoles y de rebote constatar que entre los grupos a ilegalizar en el hipotético caso de que el treintisieteañero llegase al poder estarían independentistas y demás gente de mal vivir, pero nunca ellos, los herederos voz en grito del fascismo.
Muy agradecidos además porque el mantra “Todo es ETA” acababa de mojar los pies a la mismísima Soraya acusada por el equipo de Casado de favorecer el excarcelamiento de etarras [El País], mientras el sahumerio  inciensaba al son de “El Valle de los Caídos no se toca”. Qué lejos están los tiempos en los que el amado dictador era blanco, bajo cuerda, de  las diatribas de otro desalmado sanguinario -Queipo- ridiculizándolo como “Paca la culona” [Franco y sus generales].
Imaginad lo que las plumas alerta, ojo avizor en defensa de la nación, escribirían de vosotros si os atrevéis a decir que estáis a favor de un referéndum de autodeterminación por mucho que proclaméis el ¡No! A la independencia y el ¡Sí! A una República Federal. Pedido mínimo: un paredón.
Tras la rimbombancia de los conceptos, se escondió la simpleza a la hora de esbozar un programa económico: Neoliberalismo salvaje y sin derechos para los trabajadores pero eso sí, con Patria, mucha Patria.
Decía Leonard Cohen: “A veces uno sabe de qué lado estar, simplemente viendo quiénes están del otro lado”. Si quedaban dudas del pensamiento rancio envuelto en brillantina que trae el nuevo gerifalte conservador, vino a rematar el ínclito Demetrio , obispo de Córdoba en su twitter [Demetrio Fernandez G @ObispoDemetrio]
Ya lo conocéis. El religioso con mando en plaza en nuestra ciudad es toda una autoridad mundial en tolerancia y respeto a los derechos humanos. Por ello en 2011 proclamó que la UNESCO tenía un plan para ‘hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual’ o en 2012 acusó a los centros educativos de ‘incitar a la fornicación’. Muy luminaria en asuntos doctrinales no es,  pero no le podemos negar la querencia a coger la tea para quemar herejías.
Bueno, pues P.Casado en su puesta al día del “Familia, Municipio y Sindicato” ya tiene un aliado con el que rezar tres avemarías por la conversión de la Nueva Rusia encarnada en perroflautas, feminazis, comunistas y otras gentes de malvivir.
Aunque lo más vomitivo del sábado no fue el discurso vacuo sino contemplar a la mitad mas un puñado del auditorio aplaudir a un tipo que hilvanaba una retahila de soluciones simples para problemas grandes (paro, seguridad, inmigración…). A esos personajes en mi pueblo se les cataloga de siempre como “engañabobos”. Los remedios que en su fórmula llevan “echarle siempre la culpa a otro”, nunca los son.
He dejado para el final su modelo de “Memoria Histórica”. La solución del líder de la extrema derecha hispana es volver a la “modélica Transición auspiciada por el modélico rey Juan Carlos I”. Hoy ya conocemos  lo que de modélico tenía un individuo más preocupado -según las filtraciones de sus amantes- de hacer caja que de velar por los intereses de su país.
En el periodo comprendido entre la muerte de Franco y la Constitución del 78 la Izquierda osciló entre la poca confianza en su propias fuerzas y la falta de arrojo de sus responsables que seguramente interiorizaron la imposibilidad de un cambio radical. La conjunción propició una mezcla de silencio y omertá. Por eso extraña que en un país donde la mayoría disfruta metiéndose en el papel de  entrenador aficionado, una amplia masa sea capaz de creer que un partido (cambia el nombre por víctimas y fusilados) que terminó 20 a 2, 15 a 1 ó 20 a 3, da igual , fuese un empate. Y que todos los implicados eran iguales como mantiene el jefe de Ciudadanos de Andalucía: “No es una cuestión de sí o no, es que hay que entender todas las sensibilidades e intentar buscar un acuerdo entre todas las partes. Ni unos son buenos ni los otros son los malos” (Juan Marín, respondiendo a una pregunta sobre la tumba de Queipo de Llano en la Macarena).
Nunca fue una balanza equilibrada. Ni durante los tres años de guerra ni en los 36 posteriores. Por eso cuesta tanto entender la insensibilidad del PP y sus dirigentes ante las centenares de miles de familias que solo pretenden tener a los suyos enterrados con dignidad, esa que tanto preocupa a Casado que se mantenga para preservar la tumba del sanguinario militar que amamantó a los fundadores de su partido.
Lástima que el nuevo caudillín del extremismo derechista español no tenga a mano una máquina del tiempo que lo transportase al Pardo de finales de los 40 para enamorar a Carmencita y ser él quien protagonizase la ceremonia del 10 de abril de 1950.
Al menos así podría tener por una vez un título (aunque arbitrario) libre de toda sospecha.