En este año de 2018 se cumplen 25 de la entrada en vigor del Tratado de la Unión Europea aprobado en la ciudad de Maastricht. A la luz de esta efeméride convendría reflexionar sobre dos importantes interrogantes ¿Se han cumplido las venturas y plazos para una Europa Federal, solidaria y de cohesión social acorde con los Derechos Humanos y la carta Social Europea de 1961? ¿Se han visto confirmadas las críticas y rechazos a aquel tratado por considerarlo impulsor de una Unión Europea centrada exclusivamente en la política monetarista y neoliberal, en detrimento de una Europa políticamente y democráticamente unida, con una Política Exterior y de Defensa Común europea? Tres hechos nos pueden ayudar a la profunda reflexión que debe llevarse a cabo con motivo de la efeméride:
El primero es el problema de la inmigración y la respuesta desigual por parte de los diferentes miembros de la Unión Europea en la que el racismo, la xenofobia y la inhumanidad son la norma generalizada. No saben y no quieren asumir el reto histórico que ya sufrió en toda su magnitud el Imperio Romano y que precipitó su decadencia.
El segundo es la sorprendente propuesta de crear, por parte de algunos países miembros de la Unión Europea, una nueva fuerza militar de intervención inmediata al margen de la propia UE. ¿Para qué misiones sería utilizada? ¿Bajo qué legalidad y legitimidad? ¿Y la tan cacareada Política Europea Común de Seguridad y Defensa (PESC)?
El tercer hecho consiste en la cuidada y preparada reunión de los líderes europeos para el mes de septiembre en torno a tres cuestiones consideradas vitales por ellos mismos: reformar la arquitectura de la moneda comunitaria, establecer una red de seguridad para las crisis bancarias que puedan ocurrir en el futuro y reforzar las competencias del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Aquí no hay concesiones ni excepciones a las posiciones particulares de cada Estado. Con el pilar monetario, el que de verdad fundamenta la Unión Europea, no se juega.
Y es que aquel lejano Tratado de Maastricht, tan seductor para europeístas ingenuos tanto de derechas como de izquierdas, así como para los dos grandes sindicatos españoles, no fue otra cosa que la entronización de la política económica del neoliberal de Friedrich von Hayek (1899-1992) consistente en independizar la economía de las decisiones de la soberanía popular y en consecuencia de la política democrática.
Fuente: Colectivo Prometeo