El pueblo vuelve a tomar las riendas de su futuro. El invierno caliente (que millones de personas no han podido tener por no poder pagar la electricidad para calentar sus hogares) se está mostrando en las calles y carreteras de nuestro país. Hartas de dirigentes corruptos y de quienes los mantienen en el poder con su apoyo en el Parlamento, las personas que están sufriendo en sus carnes los recortes de derechos, de prestaciones y de condiciones laborales y de vida, vuelven a las calles.
Primero fueron las movilizaciones por la enseñanza pública, después la histórica huelga feminista, el sábado 17 por el mantenimiento del sistema público de pensiones, y, ahora, vuelven las marchas, en este caso y bajo el mismo lema de 2014, pero vertebradas en torno a otro derecho humano fundamental, que es la Renta Básica Universal.
Desde el 10 de marzo, la Marcha Básica camina desde León hasta Madrid, sumando etapas y apoyos a su paso. Primero fueron las compañeras y compañeros de Asturias, de Catalunya, de Extremadura, de Euskadi, de Galicia. Nuevas etapas se han ido sumando, sobre todo en el entorno de Madrid. Mansilla, Mayorga, Rioseco, Villarrubia, Valladolid, Tordesillas, Medina del Campo, Arévalo, Sanchidrián, Villacastín, San Rafael, Collado Villalba, Las Matas, Aravaca y, el 24 de marzo, Madrid, donde confluirán, donde confluiremos, gentes de todo el Estado para gritar lo que nuestros compañeros y compañeras reclaman en las carreteras:
  1. Empleo digno: La miserable recuperación de puestos de trabajo no puede ser a costa de haber aprovechado la farsa de la crisis para que los salarios estén en la tercera parte de lo que estaban antes de 2008. Las empresas no han dejado de tener pingües beneficios, los ricos son cada vez más ricos. No cabe pues, ni bajo esa excusa inocua, justificar los salarios miserables y bajo condiciones de explotación que el “mercado” ofrece.
  2. Sanidad y educación públicas: Bajo el mantra de que lo privado es mejor nos han desmantelado nuestros servicios básicos esenciales. No sólo sanidad y educación. Pero éstas tienen reflejo inmediato en las condiciones de vida de nuestro pueblo. Vendidas al mejor postor, normalmente amiguete del poder, nuestra salud, educación y cultura se rigen por el beneficio económico y el adoctrinamiento en vez de por la universalidad y el librepensamiento.
  3. Derecho a la vivienda: No puede ser que el zorro que nos echa de nuestros trabajos y nos roba nuestros ahorros tenga la potestad de quitarnos nuestras casas, derecho básico universal que debería estar defendido con dientes y uñas por el estado. En estos casos, como en tanto otros, el “imperio de la ley” brilla por su ausencia. Y, cuando es necesario, se cambia la ley para agravar aún más la situación.
  4. Pensiones decentes: Lo dijeron millones de personas el sábado: ¡Hasta aquí hemos llegado! La jubilación es un derecho básico y el Estado tiene que garantizarlas con una cuantía digna y suficiente. Hemos visto como el dinero destinado al sustento de nuestras personas mayores se desvía para rescatar a amiguetes del poder y a los grandes causantes de esta crisis: los bancos. ¡Eso se ha acabado!
  5. Y, finalmente, una RENTA BÁSICA UNIVERSAL, incondicional, individual y suficiente, que garantice la subsistencia de cualquier ser humano por el mero hecho de existir, y que ha de ir acompañado de una reforma profunda del sistema fiscal, recuperando los miles de millones de euros que no tributan en nuestro país por desfalco, desvío a paraísos fiscales, exenciones o, simplemente, leyes que han provocado que las grandes fortunas  y sociedades hasta les salga la declaración de la renta a devolver.

Fuente: Colectivo Prometeo