¿Cataluña como paraíso fiscal y Andalucía como zona económica especial?

La desigualdad provocada por las políticas de la UE, junto a la emergencia del Brexit y la elección de Trump, han generado también una asimetría de intereses entre las élites locales y europeas con respecto a las mayorías de cada país, que viven un proceso de empobrecimiento y proletarización. Esto es algo que también se encuentra muy presente en el conflicto territorial de algunos países de la UE y también, junto con otros muchos, es un componente que marca la relación entre Cataluña y el resto del estado español.

Para países como España, el modelo de globalización que se agudizó a partir de los años 90, supuso convertirse en víctima, fundamentalmente porque tal modelo: 1)  provocaba en Europa un proceso de concentración económica que dejaba fuertemente inutilizadas y marginadas regiones y energías productivas que podrían encontrar una utilización y un papel importante en la cooperación con áreas y regiones externas a la Unión Europea; y 2) imponía una división del trabajo y de las funciones a nivel mundial, que asignaba un papel subalterno a las regiones menos desarrolladas de Italia, España o Grecia.  A día de hoy, el mito de la unión de las economías nacionales de la zona europea ha desaparecido, teniendo por un lado un norte que crece rápidamente gracias al excedente comercial y por otro un sur con elevados niveles de desempleo, deuda pública en aumento, déficit en el presupuesto comercial y desindustrialización.

Hace ya años que en un estudio francés (DATAR), se señaló que el desarrollo europeo se concentraría en un arco que se extiende de Londres hasta Génova, de lo que se derivaba un sistema de relaciones económicas en el interior del cual la Europa del sur queda subordinada a los mercados ricos del norte de Europa, jugando el papel de suministrador de materias primas y productos manufacturados a bajo coste (con un relativo bajo nivel de relación de intercambio), mientras se incrementa su dependencia por la importación de productos acabados, con tecnología avanzada, tanto industriales como alimentarios. Además de ese eje, se previeron entonces nuevas posibles áreas de crecimiento a lo largo de la franja que va de Génova al noreste de España (Cataluña), mientras que para todas las otras regiones europeas emergía un cuadro de exclusión y marginación. Para los países del sur de Europa, en particular las 2/3 partes de España y de Italia (centro-sur), el desequilibrio no ha hecho sino acentuarse en los últimos años.

El proceso de constitución del estado español, en el marco del desarrollo capitalista del país, generó una desigualdad social y territorial en medio de la cual Cataluña despunta por su dinamismo. Su economía está orientada hacia la industria, las nuevas tecnologías y el sector terciario avanzado. Su tasa de desempleo está seis puntos por debajo de la media nacional. En 2015, Barcelona fue la segunda ciudad europea por volumen de inversiones extranjeras después de Londres. En Cataluña reside, además, el 92,3% de todas las empresas norteamericanas con sede en España, el 88,8% de las danesas, el 85,5% de las canadienses, el 80% de las japonesas y el 73% de las italianas. Cataluña es una de las regiones más abiertas al comercio exterior y, sin embargo, es cada vez menos dependiente del intercambio con el resto de España. Mientras que en 2009 las exportaciones hacia las otras comunidades autónomas representaban el 56% del total, en 2016 sólo eran el 37%. En el mismo periodo, las importaciones han pasado del 33% al 21%. Respecto al resto del mundo (aunque mejorando) el saldo sigue siendo negativo. Cataluña, tecnológicamente más avanzada que la media del país,  acumula más valor que el que produce. Esta desigual composición del capital representa una fuerza centrífuga y de polarización que encuentra en las transferencias de dinero público una forma de compensación. [i] Mientras, la situación de las clases populares catalanas ha seguido empeorando, aumentando la precariedad, el deterioro de la vida cotidiana, los efectos de las actividades especulativas y la pérdida de derechos sociales.

El proceso de construcción de la Europa alemana del euro, basada en la división entre un núcleo central fuerte, industrial-exportador y una periferia dependiente y poco competitiva, marca inevitablemente las aspiraciones de sectores situados en la frontera entre “un mundo y otro”. En ese marco, puede caber la tentación de avanzar en aquello que han supuesto las tres últimas décadas de globalismo neoliberal en Cataluña: el desarrollo de sectores punta en servicios, turismo y algunas ramas de la industria y el sector financiero, con fuerte inversión extranjera, junto con niveles enormes de desigualdad, precariedad y privatizaciones.

Vista desde Andalucía la crisis territorial abierta en Cataluña, puede sintetizarse en una doble tendencia: Cataluña como “territorio off-shore” y Andalucía como “Zona Económica Especial” a la manera griega. Algunas élites podrían pensar en una Cataluña como espacio “offshore” que siga atrayendo grandes inversiones a costa de las clases medias y trabajadoras catalanas[ii], y que suelte lastre con un sur condenado a la exclusión y a la conversión en una “zona económica especial” (cuyo paradigma es Grecia) caracterizado por una tasa insoportable de desempleo, privatizaciones, bajos salarios y el deterioro ecológico y social llevado al extremo.

El Partido Popular ha encontrado un gran nicho de mercado desde su llegada al gobierno en la producción masiva de agro-alimentos, siguiendo unas pautas que buscan incrementar la competitividad basada en elevado impacto ecológico y abaratamiento de salarios en sur. Es escandaloso el incremento récord de la superficie de regadío orientada a la exportación (fomentada desde organismos de la Junta de Andalucía) en medio de una sequía como la que padecemos. Y es significativo el hecho de que en los últimos tiempos la segunda provincia que más ha crecido en exportación agroalimentaria sea Jaén, aquella también donde las elevadas cifras de desempleo suelen permanecer inalterables y donde el salario medio apenas llega a los 12.000 euros anuales (un 35% menos que la media nacional)[iii]. Esto da una buena idea de las características de un modelo al que se bautiza como “estrategia de internacionalización”.

La constatación de esta realidad material que opera de fondo no significa reducir el problema territorial de España a una cuestión de élites, ni la multiplicidad de causas políticas en liza a “la causa” de la burguesía catalana. De lo que se trata es de ayudarnos a buscar un espacio de intervención autónomo para las clases populares. Una iniciativa que ayude a la conquista de la soberanía popular tiene que reconocer las motivaciones y alineamientos globales de sujetos decisivos del proceso para consolidar una posición propia frente a ellos.

Por lo que a Andalucía respecta, para conformar un movimiento de liberación social para el sur de Europa, no parece suficiente con el “Andalucía como la que más”, tomando como referente la medida de la independencia de Cataluña. Un movimiento popular que se proponga luchar desde Andalucía por una perspectiva democrática, republicana y federal del estado español debe medirse necesariamente con las previsiones de división del trabajo del capitalismo alemán para Europa y trabajar la perspectiva de articular alianzas entre clases trabajadoras, y clases medias empobrecidas,  contra los planes de las élites de la UE. Pero esa perspectiva no puede ignorar la nueva realidad geopolítica mundial, si no queremos terminar como camareros en las mesas en las que otros decidirán en qué mundo viviremos.

En ese marco ¿Es posible hoy pensar e imaginar los hilos necesarios para tejer un frente democrático latino-mediterráneo, para cooperación, económica, y geopolítica en  la actual crisis de la civilización capitalista?

[i]   “Las raíces económicas del independentismo catalán”. A Bartoloni.

[ii]   Artur Mas: “los bancos se van a pelear por estar en Cataluña”: https://www.youtube.com/watch?time_continue=1&v=hwWiFrmrdYE

[iii]   http://www.ideal.es/nacional/201511/18/cuanto-cobra-espana-jaen-20151117184607.html

María Dolores Nieto Nieto, Francisco Sánchez del Pino y Javier Aguilera Galera, Jaén diciembre de 2017.