El viaje de Rajoy a EE.UU cuatro días antes del referéndum independentista de Cataluña.

El pasado 18 de septiembre, mientras en España las banderas se convulsionaban al calor de la crisis en Cataluña, la intervención de Donald Trump ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, dibujaba las bases del nuevo orden mundial según EEUU. Para Trump el mundo que se perfila “ha de ser de los países con soberanías fuertes relacionadas entre sí”, por supuesto con EEUU, como fuerza principal, y para confirmarlo recordó unas previsiones de gasto cercanas a los 700 mill millones en temas militares y defensa con el objetivo de convertir al ejército en “el más fuerte que haya existido”. Porque “solamente las naciones fuertes y soberanas permiten a su pueblo tomar posesión del futuro y controlar su propio destino. Y las naciones fuertes y soberanas permiten que los individuos florezcan en la plenitud de la vida deseada por Dios”.

Otro de los ejes de su intervención, quizás el más determinante, lo dedicó a señalar los perfiles de una línea divisoria, entre aquellos países que pueden ser considerados aliados de EEUU, a los que declara “reformables”, y aquellos otros a los que Trump señala como obligados a realizar reformas que de no materializarse amenazada con su destrucción. Se refirió a países como Corea del Norte, Irán, Siria, Cuba y Venezuela. A tal fin, reforma o destrucción, anunció que se destinaría un sistema de seguridad reforzada, con el correspondiente y elevado incremento del gasto militar. (1)

Algunos comentaristas y especialistas han señalado que éste discurso desvela, quizás, la orientación estratégica de EE.UU (división en el mapa mundial entre países “con gobernanza funcional” a EE.UU y “países no integrables” a los que, en consecuencia, hay que precipitar en el caos). La guerra no habría que hacerla, por tanto, contra países específicos atendiendo a su situación política sino contra determinadas regiones. Una estrategia que se inició el 11 de septiembre de 2001 y cuyas consecuencias no se habrían conocido hasta ahora. Quizás por esa razón estratégica, ninguna de las guerras de los EEUU, desde aquella fecha se ha concluido.

En los planes de prosperidad para el mundo, que anuncia Trump, no caben las dudas, ni si quiera para Naciones Unidas, si estas no están dispuestas a ejercer plenamente como instrumento de la política exterior estadounidense, cómo lo hace la OTAN o la UE. La ONU, a partir de ahora deberá apoyar sin fisuras la agenda política de EEUU, o estos, según ha anunciado Trump dejarán de sufragar el 22% de presupuesto. Con esta advertencia, se contempla incluso la posibilidad de disolución de la ONU. EEUU no aceptaría límites a su unilateralismo, lo que implicaría que cualquier país que no acepte su hegemonía sería considerado enemigo de guerra. (2)

El pasado 25 de septiembre, unas semanas después del discurso de Trump, y sólo unos pocos días antes de la celebración del referéndum en Cataluña, Mariano Rajoy, viajaba a EE.UU para entrevistarse con Donald Trump. Llama la atención que esta visita, celebrada en el marco de la mayor crisis política y territorial del régimen español en las últimas décadas y tras la intervención del Presidente de EE.UU en la Asamblea General de la ONU, haya pasado sin debate público y sin que las fuerzas que trabajan por la democratización de nuestro país sacaran sus conclusiones.

La cuestión de Cataluña se inserta, así, en esa estrategia mundial expuesta por Trump. En lo poco publicado sobre los contenidos del encuentro se habla de que la conversación se hizo atendiendo “a un orden de bloques temáticos relacionados con las diferentes “regiones mundiales”. Lo importante no es fundamentalmente el apoyo de Trump a Rajoy en el asunto abierto en nuestro país, esto no sería nuevo, ya que con anterioridad, el secretario de Defensa norteamericano había trasladado a Cospedal el apoyo de Washington en el conflicto. Lo reseñable sería la re orientación del papel de España en el marco de confrontación inicial entre el populista de derechas Trump y los “neo-liberales-cons” pro Clinton que situaban a la UE como dirección provisional de la defensa del modelo de globalización neoliberal mientras se destituía y derrotaba a Trump. Todo apunta a que ahora ya es el complejo industrial-militar norteamericano quien dirige directamente el gobierno de Trump, sin que los medios de comunicación y las fuerzas políticas restauradoras de nuestro país (PP, PSOE y partidos nacionalistas de derecha, catalanes incluidos) que apostaron por Clinton (la opción derrotada) hayan dicho ni pío.

Sea como fuere, el caso es que sin apenas levantar ruido, España, con las implicaciones económicas, políticas y militares que ello conllevaría, es ya considerada “socio preferente” de EE.UU para el impulso de esa nueva estrategia anunciada por Trump en el discurso de septiembre ante la ONU. Algo que no han conseguido ni Francia ni Alemania (el presunto eje de la UE). (3)

La paradoja es que La “convulsión” de Cataluña no sólo habría servido para ocultar una reorientación estratégica de España en el marco internacional sino que, además, se asegura el respaldo de EE.UU para defender lo que Trump ha repetido hasta la saciedad en la asamblea de la ONU: “Todos los lideres responsables tienen la obligación de servir a sus propios ciudadanos, y el estado-nación sigue siendo el mejor medio para elevar la condición humana”.

(Continuará…)

1 “Estados Unidos será por siempre un gran amigo del mundo, y especialmente de sus aliados. Pero ya no se puede tomar ventaja o entrar en un acuerdo unilateral donde Estados Unidos no obtenga nada a cambio. En tanto me mantenga en este puesto, defenderé los intereses de Estados Unidos por encima de todo lo demás”); (b) que se dotan de un sistema de seguridad reforzada con un incremento del gasto militar frente a un bloque de países relatados en la intervención, a los que hay que exigir “reformas” o serán totalmente destruidos: Corea del Norte, Irán, Siria, Cuba y Venezuela; y (c) para garantizar la prosperidad del mundo (“.No podemos esperar por alguien más, por países distantes o por burócratas lejanos –no podemos hacerlo. Debemos resolver nuestros problemas–, construir nuestra prosperidad, asegurar nuestro futuro, o seremos vulnerables a la decadencia, la dominación y la derrota”. Discurso Trump.

2 “El flagelo de nuestro planeta hoy día es un pequeño grupo de regímenes canallas que violan todos los principios en los que se basan las Naciones Unidas. No respetan a sus propios ciudadanos ni los derechos soberanos de sus países”. Discurso de Trump.

3 Se puede observar el lugar que España ocupa en ese “Nuevo Mapa” del mundo diseñado por el imperialismo norteamericano.

Fuentes:

María Dolores Nieto Nieto y Francisco Sánchez del Pino, miembros del Frente Cívico y activistas de la asociación “Jaén Ciudad Habitable”.