La escritora Christa Wolf trató de indagar sobre las raíces de la violencia partiendo de un diálogo con los mitos clásicos desde la experiencia femenina, y ofrece una posible relectura de ellos que es a la vez una exploración literaria sobre los orígenes del nexo entre socialización de la masculinidad, relaciones de dominio, violencia y guerra.

La ciudad, (la polis), fue fundada sobre el delito, descubre su personaje en Medea. En la novela, Casandra, recrea un personaje femenino que lucha por su autonomía y una identidad propia desde la que contribuir a otro modelo para la sociedad y las personas que la conforman. Poco a poco una escalada de las diversas violencias se van sucediendo sobre el mito, en este caso una mujer descendiente de fundadores de ciudad que quiso ser libre, elegir su destino fuera de la sumisión doméstica, y es castigada violentamente en un escenario donde la dominación masculina erige su tiranía de gestas, guerras y muerte. Cuando trata de elegir su profesión eludiendo las exigencias de Apolo será condenada por su osadía a prever la verdad sin ser creída. Obligada por su padre el rey a un matrimonio de conveniencia, violada por Ayax, esclavizada como botín de guerra por Agamenón, y finalmente asesinada en un contexto dominado por la ferocidad de los señores de la guerra

Ambas violencias, la sistémica y la de los hombres hacia las mujeres atraviesan la historia como dos caras del mismo mal. Aunque el relato no ofrece conclusiones fáciles, y en él tampoco las mujeres, cuando tratan de gobernar las instituciones del patriarcado, pueden sustraerse al ejercicio de la violencia: será Clitemnestra, reina del Peloponeso, quien mate a Agamenón, el rey, y a la propia Casandra. “Ella haría lo que tenía que hacer. Ella no ha hecho las cosas. Se adapta al estado de cosas. ..” concluye sin reproches en el monólogo literario la víctima.

Sucedió en febrero de 2016: un hombre con antecedentes de maltrato zanjó la discusión con su pareja tomando a su hija, una bebe de apenas un año y arrojándose por la ventana. El parricida dejó constancia en el mismo momento de su objetivo: “Te voy a dar donde mas te duele”, le gritó previamente a la madre de la niña. Todas las demás circunstancias, su propia vida y la de la niña, su hija, quedan anulados en el momento del horror. Si la relación de dominio se ve fustrada, ninguna otra cosa cuenta por encima de la venganza que perfiló como la mas definitiva de todas, tanto, que a ella puede sacrificarse la propia vida e incluso la propia descendencia, el vínculo tangible con esa eternidad, que tanto ha obsesionado al ser humano desde sus albores, hasta el punto que en su día llevó a cierto tipo de reflexión feminista a vincular el origen del sometimiento de las mujeres con la obsesión masculina por apropiarse de la generación de la vida. Estadísticamente, se trata de uno más de la secuencia de asesinatos machistas pero quizás las circunstancias que lo rodean lo cualifican apuntado a los aspectos mas oscuros e inquietantes de la violencia machista: mas allá, mas acá y en el centro de la cuestión de género, un orden social capaz de producir seres dañados hasta ese extremo.

Las estadística oficiales en España informan que en 2016 ocurrieron 44 víctimas mortales por la violencia de género según (IAM) y 105 feminicidios y otros asesinatos de mujeres en el 2016 en España, según el informe de la organización “feminicidios.net”. En 2017, en el momento de escribir estas líneas, 90, según la misma web. En la UE entre el 20 y el 25% de las mujeres han sufrido violencia en alguna ocasión y siete mueren cada día asesinadas por sus parejas y ex parejas. El feminicidio está generalizado en la radiografía de la violencia global, junto con el tráfico de mujeres, la prostitución forzada o la esclavitud laboral. En 2013, 260 organizaciones y colectivos de la sociedad civil presentaron ante la ONU, un informe que señala a los recortes como uno de los responsables del incremento de la violencia. La razones de la violencia contra las mujeres son múltiples y previas a la crisis, pero que duda cabe que el impacto social y económico de las políticas de ajuste, están creando un contexto tal de desprotección social, explotación laboral, pobreza creciente, precariedad, violencia económica, recortes, y miedo, que recalan en el silencio de los hogares y se convierten en aliados de la violencia machista.

Los esfuerzos desde el feminismo contra la violencia hacia las mujeres han puesto el foco y extendido un cierto sentido común sobre la necesidad de un cambio de modelos sociales, y educativos, el papel de la concienciación ciudadana y las demandas al Estado.

Es menos visible la relación entre violencia y modelo económico; incluso goza de cierta tolerancia o suele pasarse por alto la responsabilidad de la publicidad, elemento consustancial de modelo. Anuncios, programas, reality shows, y toda la variedad de series y espectáculos, videoclips, eventos televisivos que cotidianamente digerimos sin aspavientos, reproducen una y otra vez la cosificación del cuerpo de las mujeres, la sexualización obligatoria que requiere de ellas la industria de los Mass Media, la continua apelación explícita o implícita a estereotipos y a imaginarios femeninos y masculinos que han sustentado las lógicas de dominación. Todo ello es seguramente una de las aportaciones mas potentes, por su alcance social, a la violencia de género.

Más ausente aún de los debates queda la relación entre la violencia de género y los propios fundamentos del neoliberalismo. Sin embargo la génesis del capitalismo y las respuesta a sus crisis han sido casi siempre un proceso violento para hacer efectiva la acumulación por desposesión que sustenta el beneficio, con el eterno retorno de los señores de la guerra, una u otra vez en cada crisis. Silvia Federicci ofrece en Calibán y la Bruja, una investigación documentada y un relato exhaustivo sobre los vínculos entre la quema de las brujas —acontecida en Europa en la baja Edad Media—, la acumulación originaria del capital, descrita por Marx, y la potente maquinaria de expropiación social dirigida contra el cuerpo de las mujeres y la reproducción de la vida, en definitiva, la fuerza de trabajo. Para Federicci ese proceso violento originario ha sido universal en todas las fases de desarrollo capitalista y la misma estrategia es relanzada de diferentes maneras ante cada gran crisis, con el fín de abaratar el coste del trabajo y esconder la explotación de las mujeres. En un sistema donde la vida está subordinada a la acumulación de ganancias, la acumulación de fuerza de trabajo sólo puede lograrse con suma violencia. María Mies es más contundente aún cuando afirma que la violencia misma se transforma en la fuerza mas productiva. La violencia desatada en zonas como Ciudad Juarez tendría mucho que ver, según la autora, “con la expansión del capitalismo y la “maquilización” del trabajo, en territorios donde se crea una especie de tierra de nadie y se puede matar impunemente mujeres para imponer formas de trabajo durísimas”.

Esta perspectiva pone el foco también en la conexión neoliberal con la violencia hacia las mujeres. Los procesos de globalización económica han facilitado de facto la libre competencia entre regiones por abaratar la mano de obra. En ese proceso, fue estratégica la configuración de una fuerza de trabajo global mayoritariamente femenina, intensamente explotada. María Mies (1986) destaca que las implicaciones que se derivan para las mujeres no se agotan en la tasa de mano de obra, sino que existen técnicas de promoción de los países como nuevas zonas estratégicas para la industrialización, situaciones previas y cercanía geográfica, que ella define como “contexto prostitucional”. A menudo los gobiernos han recurrido a estrategias para tratar de atraer a la inversión extranjera, promocionando la disponibilidad de trabajadoras dóciles y sumisas para las tareas delicadas y se terminan articulando nuevas conexiones entre las nuevas áreas industrializadas y la prostitución, de manera que aunque pueda parecer inaudito, con frecuencia encontramos una línea de continuidad entre la expansión de la industria del sexo y la extensión de nuevas áreas industriales en la economía global (Ongaro 2001).

En España, el trabajo no remunerado representa mas del 55% del PIB (María Ángeles Durán). La mayor parte estaría relacionado con el trabajo de cuidados. Es difícil imaginar que pueda darse una realidad económica sumergida de esas dimensiones sin el concurso implícito de cierta violencia estructural. En los últimos tiempos, el capital a la búsqueda de nuevos nichos para la valorización de los excedentes, está aterrizando en el sector de los cuidados. Pero las condiciones laborales y salariales de precariedad están trasladando al ámbito remunerado las condiciones de precariedad que caracterizaban este tipo de trabajos en el ámbito doméstico. Ni la autonomía ni la libertad de las trabajadoras está asegurada con el cambio. El contrato laboral que sustituye a las relaciones familiares opresivas de trabajo familiar, está lejos de ser emancipador. Sin ir mas lejos, la mayor parte del dinero público que la Junta de Andalucía dedica a dependencia va a parar a la cuentas de resultados de multimillonarios como Florentino Pérez, mientras que las mujeres que prestan el servicio denuncian que padecen ansiedad, estrés y unas condiciones laborales de semiesclavitud con 540 euros de salario mensual por jornadas retribuidas a 4,9 euros la hora (Diario.es diciembre de 2016).

Desde las organizaciones feministas se ha reclamado, convertir en una cuestión de Estado la cuestión de la violencia hacia la mujeres, e incluso un pacto de Estado contra la misma. ¿Con qué Estado? ¿Con el mismo que ha tolerado el desahucio de miles de personas? ¿Con el que ha borrado las prioridades sociales de su Constitución, en beneficio de la élites financieras? ¿Con el que aprobó una reforma laboral que legitimó nuevas formas de explotación? ¿Con el que se ha hecho compatible democracia de baja intensidad y nuevas formas de esclavitud? ¿Con los que pretenden negar con vallas la evidencia de un Mediterráneo sembrado de cadáveres? ¿Con los cómplices de la guerra? ¿Con el gestor de la Ley Mordaza? Cuando los gobiernos, ya sean de Rajoy o Susana Díaz, defienden los éxitos de su política económica están justificando una expropiación social forzosa que ha llenado el país de miles de vidas precarizadas, cuyo dolor no cuenta ante las exigencias de los mercados Ese es el contexto general en el que las vidas de las mujeres son consideradas de bajo coste para el capital, siempre dispuesto a reducir la brecha salarial uniformando por abajo. Aunque la reivindicación tuviese éxito y lograse forzar un pacto contra la violencia de género que fuese algo mas que papel mojado ¿puede semejante alianza proteger la vida de las mujeres de la violencia machista?

La relación entre capitalismo y patriarcado, como estructuras de poder diferenciadas, no siempre es fácil de desvelar, pero una parte específica de la dominación sobre las mujeres no podría explicarse como producto del capitalismo; tampoco toda puede explicarse sólo en relación con el patriarcado. En la violencia machista de esta época hay seguramente un componente de reacción airada de la dominación masculina ante la libertad conquistada de las actuales generaciones de mujeres (al igual que en otros momentos de la historia fueron las conquistas del movimiento obrero las que terminaron desencadenando en muchos lugares una reacción violenta de los patronos contra los obreros organizados que estaban erosionando su poder). Pero encontramos también, en la violencia contra las mujeres, los signos de la ira soterrada que las duras políticas de ajuste están dejando en la vida cotidiana y con ellas el fracaso de muchos proyectos vitales. No son tampoco ajenas al machismo las huellas de un tiempo donde la educación sentimental se solapa con una mercantilización extrema de todos los ámbitos de la vida y de las relaciones interpersonales, reproducida hasta la saciedad por los anuncios del mercado, con la cosificación reiterada del cuerpo de las mujeres y la degradación en el imaginario de la condición femenina.

¿Qué tipo de pacto de Estado, se requiere por lo tanto? ¿Qué efectos se pueden derivar, para la vida y la libertad de las mujeres, de una estrategia basada en una intensa alianza con los poderes del Estado en un momento en que de ellos emana también un persistente deterioro de la seguridad vital y de las condiciones de vida para la mayoría la población? ¿Pueden las mujeres ser aliadas, tuteladas preferentes, y al tiempo sustraerse a la ira social que las políticas de esos mismos gobiernos provocan entre sus víctimas?. Mas allá aún, teniendo en cuenta la situación actual de democracia y derechos sociales menguantes, ¿podrían las reivindicaciones de las mujeres ser usadas como excusa para normalizar social e institucionalmente las prácticas represivas y las legislaciones de excepción, tan características del capitalismo global de nuestros días?

Nancy Fraser advierte que el neoliberalismo terminó apropiándose de las reivindicaciones y la crítica feministas reasignándoles nuevos significados acordes con lo que terminó llamándose el nuevo espíritu del capitalismo; y que éste, en algún momento de la crisis que arranca de los años 70, se aupó sobre el sentido común y los cambios culturales provocados por las luchas de los movimientos de mujeres para legitimar algunos aspectos de la restructuración que desembocó en el capitalismo “creativo” flexible neoliberal (Fraser 2008).

No está excluidos, por tanto, nuevos intentos en la nuevas crisis en curso —esta vez, de la financiarización surgida en la recomposición de las crisis de finales del siglo XX— para tratar de legitimar las respuestas de las oligarquías neoliberales, asumiendo algunas de las reivindicaciones feministas, para reconstruir un nuevo régimen de acumulación e incluso un nuevo régimen de represión y liquidación de derechos democráticos. El interés por el sector de los cuidados como nuevos nichos de negocio por parte del IBEX 35 es un dato a tener en cuenta.

En marzo pasado, en más de 40 países de todos los continentes, las mujeres han respondido a la convocatoria de huelga contra la violencia, la discriminación y la explotación que el capitalismo neoliberal impone a las vidas de millones de personas. Aún es pronto para sacar conclusiones definitivas, pero una movilización de esas dimensiones apunta al renacimiento del movimiento a escala trasnacional, a la posibilidad de actuar a la misma escala a la que se reproduce cada día la violencia patriarcal neoliberal. En España, algunas de las movilizaciones mas numerosas a las que hemos asistido en los últimos años han sido protagonizadas por las mujeres y expresan un gran potencial transformador, si logran extender la conciencia colectiva de que la acumulación por desposesión capitalista pivota en una parte importante sobre la explotación del trabajo invisible y negado de las mujeres, que luego se extiende a otras esferas; si se logra convertir toda la diversidad que aglutina en su seno el movimiento en fuerza de cambio contra la mercantilización de la vida y la destrucción social, ecológica económica; si se logra conectar las exigencias feministas con la crítica al capitalismo y anudar los hilos de Ariadna que unen la expropiación de la naturaleza con la violencia estructural que lo sostiene. En lo inmediato, aquí y ahora, también se necesitaría dar vida a un pacto de los movimientos feministas contra otros acuerdos de los estados, como los Pactos de Estabilidad Presupuestaria, o los Tratados que están asolando el Estado Social y socavando en el conjunto de la UE las bases misma para una vida plena que merezca ser vivida.

Ref.
-El trabajo de cuidados. Cristina Carrasco y Lourdes Bordería
-Caliban y la Bruja. Silvia Federicci
-El feminismo capitalista y las argucias de la historia. Nancy Fraser
-Las mujeres y la globalización. Sara Ongaro
-Casandra. Christa Wolf.
-Acerca de Casandra de Christa Wolf. Carlos García Gual.
-Casandra e Meda. Imma Barbarossa.
-Feminicidios.net
-María Luisa Maqueda Abreu:
¿Es la estrategia penal una solución a la violencia
contra las mujeres? Algunas respuestas desde un
discurso feminista crítico.
-https://elsaltodiario.com/feminismos/silvia-federici-entrevista-vivimos-una-nueva-caza-de-brujas