El ser humano no tropieza dos veces en la misma piedra, lo repite las veces que hagan falta. Y nunca falla cuando el obstáculo se coloca tras una apelación a los instintos primarios e irracionales (ojo, aunque disfrazados de sentimientos, siempre ocultan los intereses de la clase dominante).

Entre los más eficaces dos clásicos: la llamada a la defensa de la Religión al toque de “Dios, Alá, Yahvé… lo quiere” y la campana tañendo a rebato “por la Patria” en su versión intangible de Universo simbólico, construcción mental de una Utopía llena de espacios vacíos.

A responder al reclamo -siguiendo el modelo estímulo/respuesta sin necesidad de un Pavlov agitando la campanilla -siempre se ofrecen (¿tiempos de cacería?) las rehalas fanatizadas. Para fijar la idea con una imagen con más validez que todas las palabras, basta con dedicar un minuto, a las fotos de las agresiones filonazis en Valencia. Esos gestos y caras desafiantes los genera la sensación de impunidad que envuelve a sus protagonistas.

Hoy no toca hablar de la coartada religiosa, porque es tiempo de “Patrias”. En los últimos meses nos han instalado en un régimen de banderías que al grito de “¡Y tú más!” desprecia los argumentos contrarios. Ni se molestan en escucharlos.

Florecen tanto al norte como al sur del Ebro, los adictos al “besa la bandera o te doy con el palo”, los imitadores sin gracia de Belén Esteban unidos por el “yo por mi enseña ¡¡¡Maaa – to!!”.  Admiten la versión en catalán.

Esta temporada se llevan las etiquetas y nos quieren poner sí o sí la de “antipatriotas” a quienes pensamos que una Sociedad debe articularse no por unos colores sino por tener garantizado el acceso a una educación, sanidad y pensiones dignas, a un trabajo con derechos laborales, a unas libertades cívicas a prueba de “salvadores” y a un tiempo de ocio que nos permita arreglar el mundo alrededor de un medio de vino y una charla con amigos. En definitiva aspirar a vivir en un País en el que la actuación pública gire alrededor de la búsqueda del “bien común”.

Pero eso no les vale a los etiquetadores si no desfilamos bajo el “Visça”/“Viva”. Sufrimos la paradoja de no ser Ulises encadenados, sino que son las sirenas las que nos encadenan para quebrarnos la voluntad al son de cánticos monocordes que solo venden “pensamiento único”.

Los mal llamados medios de comunicación, convertidos en medios de difusión ideológica que suscitarían la envidia del más sofisticado aparato de agitación y propaganda partidista, venden la manipulación en bloque. Siguen el axioma del “Cuius regio, eius religio” aplicado en los conflictos de la reforma protestante en la Edad Moderna. Según sea el rey, así será la religión; según sea el pensamiento del que controle la tele, radio o prensa, así será la noticia vendida.

Por eso darían risa, si no fuese por lo que nos estamos jugando como Ciudadanía libre las acusaciones de “adoctrinamiento” arrojadas del Palau a La Moncloa o desde el Consejo de Ministros al Consell de la Generalitat. Sonroja ver en una trinchera a liberticidas vocacionales parapetados tras la defensa de una Constitución a la que vaciaron de contenido con nocturnidad y alevosía y en la otra sostener la bandera de “la lucha contra la opresión” a la misma burguesía que hasta hace unos días oprimía sin problemas a la clase trabajadora catalana, con recortes salvajes, privatizaciones y mossos mandados a desalojar violentamente las plazas que olían a 15M.

Es patética la imagen de huestes alineadas para el combate que como uniforme aún llevan la camiseta del 3 per cent o la de sobres en b.

En estos días pasados ardió Galicia. El único elemento positivo de la tragedia lo pusieron las cadenas humanas apagando los fuegos. Practicaban esa ternura de los pueblos que es la Solidaridad.

En estos días también hay quien desea ver arder a España, incluyendo a Cataluña y se ha puesto a acarrear leña con forma de odio bidireccional.

Por eso estoy echando de menos claridad en las propuestas de quienes considero míos. Aún sabiendo lo difícil que resulta hacer llegar un mensaje cuando te han cortado el micrófono y la turbamulta vocifera.

Hoy es más necesaria que nunca esa voz clara y diáfana que pregone:

“Ciudadanos, ciudadanas no le hagamos el caldo gordo ni a tirios (neofranquistas, neofalangistas) ni a troyanos (independentistas). Traemos nuestra propia alternativa  donde todos y todas encajamos: la República Federal. Y quien aún albergara dudas del papel no integrador, inmovilista y parcial de la monarquía encarnada por Felipe VI tras su mensaje televisivo, lo tendrá ya claro al escuchar el discurso en la ceremonia de autobombo monárquico conocida como «Premios Princesa de Asturias»”.

Por supuesto, cuando la ley es justa debe cumplirse. Ahora, antes y en todas las ocasiones. Y los jueces no pararse a mirar si en el carnet de identidad pone Pepito Pérez, Alfon-Andrés Bodalo, Jordi Cuixart, Iñaki Urdangarín o Rodrigo Rato. Si se vive  en Vallecas, Jaén o en los círculos de Poder de Barcelona o Madrid. Lo que no sirve es el «Dura Lex sed Lex» para unos casos y cogérsela con papel de fumar si en lugar de a un jornalero o a un joven concienciado afecta a la cúspide del Sistema.

¡Claro que la Constitución es reformable! ¡Que se lo digan a los diputados del PP/PSOE que con nocturnidad y alevosía modificaron el artículo 135 en 2011! A los pueblos se les debe consultar en referéndum pero también se les debe tratar como mayores de edad, debatiendo todos los pros y contras que tiene el tomar una decisión trascendental que condicionará su vida y la de generaciones próximas.

Y nadie puede ser perseguido por sus ideas, ni generarse la menor sombra de duda de ello en organizaciones de tanta raigambre en la defensa de los Derechos Humanos como Amnistía Internacional. Ningún político debe ir a la cárcel por expresar sus pensamientos. Guardemos las ganas de Justicia para cuando purguen por Corrupción.

No abramos la espita de las bajas pasiones, ni seamos los conejillos de indias de quienes quieren medir nuestra tolerancia ante los recortes de libertades que traen bajo el brazo vendido como aplicación de la ley. Sí, la misma que se guarda en el cajón para no molestar a los poderosos cuando se trata de perdonar fraudes y evasiones de impuestos o agujeros de miles de millones en sus rapiñas bancarias.

Activar la DUI es una barbaridad, aplicar el 155 otra. O viceversa porque están utilizando la medida como arma arrojadiza de respuesta especular. Quien dé el primer paso ha sacado el machete para destruir puentes y a Puigdemont/Rajoy parece gustarles el papel de artificieros.

Cuando la única consecuencia cierta  al echar un pulso es que un contendiente acaba lisiado de por vida y el otro con fractura triple pensemos si éste merece la pena.

Porque en la cola del pan, en el trabajo, tomando el sol en la plaza o en la barra del bar conviviremos día a día con el vecino que colgó la rojigualda/estelada y nos miró mal al considerarnos tibios por reclamar “reflexión, cordura y diálogo, diálogo, diálogo”.

Lo fácil es tensar la cuerda hasta que se deshilache y rompa. Lo difícil es volver a anudarla. Lo casi imposible es recuperar relaciones cuando se destruyen con violencia verbal. Imposible cuando se recurre a la física.

Dejemos de jugar con fuego. En estas próximas jornadas hará falta agua, mucha agua y si es necesario caminemos hasta la fuente para acarrearla sin esperar  a que llueva. Necesitamos bomberos, no pirómanos porque cuando una sociedad se quema todos corremos el riesgo de salir abrasados.