Cuando ayer tarde anunciaron la intervención televisada del monarca ingenuamente pensé -pese a conocer la trayectoria histórica de los Borbones-  que tal vez hubiese suerte y  nos iba a obsequiar con un discurso con cierta altura de miras. En su lugar encontré a un jefe de Estado leyendo un exabrupto. Efectivamente, en cinco minutos compendió todos los sinónimos del término: brusquedad, incorrección, grosería, inconveniencia, salida de tono…

Por mi tierra se acuñó la frase “Callaito estás más guapo” para quienes sufren incontinencia verbal. Pues eso, el rey Felipe desperdició ayer una extraordinaria oportunidad para embellecerse. Lástima que Hugo Chávez  no esté entre nosotros. Lo tendría a huevo para  regalarle  el familiar “¿Por qué no te callas?”.

A la expectación previa siguió un “gatillazo” espectacular. El monarca volvió a dar la razón a quienes creemos que su figura no  aporta nada a un sistema político vagamente democrático. Para más inri, el ciudadano Borbón ni se molestó en fingir que intentaba representar a toda la Ciudadanía. Con más descaro que nunca fue “parte”. En lugar de en La Zarzuela, podría haber hecho su alocución desde el balcón del PP en Génova. Nadie notaría la diferencia.

Antes de escucharle abrir la boca se me vino a la mente un “¡Ea! Ya le han fabricado a este Borbón su epifanía siguiendo el guión 23-F que tan bien le vino a su progenitor. Ahora hace un llamamiento al diálogo y a una consulta a la Ciudadanía con todas las garantías y ya tiene contrato “laboral” de por vida. Pensaba que barajaría la estrategia del palo y zanahoria, combinando la circunspección por la “sagrada unidad patria” con una oferta de desbloqueo. Tras las ínfulas que se dio desde el primer minuto quedó claro que no había estrategia más allá del palo y garrote.

Al terminar me planteé: si yo fuese independentista, ¿qué salida al conflicto me han puesto  sobre la mesa más allá de la aplicación del  artículo 155 y la represión? La respuesta demoledora: Ninguna

Hasta el domingo 1 creía que proponiendo la alternativa del Estado Federal solidario en el momento  que Cataluña fuese consultada  el NO a la independencia se impondría con amplia ventaja. Desde ese día soy pesimista. Intento explicarme:

Anoche hablé un buen rato con un sabio catalán, mi amigo Salvador Jové, el brillante eurodiputado que tantas lecciones prácticas regaló en sus trabajos como por ejemplo en la OCM del aceite de oliva. Hoy vive en su Cataluña natal, retirado de cargos públicos y políticos pero analizando con la lucidez de siempre el momento actual.

Se lamentaba, nos lamentábamos, de las veces que la Izquierda federalista perdió la oportunidad de situar el debate sobre el  modelo de Estado en su terreno. Recordaba como en su momento advirtió –eso sí, con el éxito de Casandra- que la reforma del Estatut en época de Maragall, apoyo del Parlamento catalán y referéndum incluido, no abría las puertas a un Estado plural y solidario sino a un nuevo pacto entre Cataluña y resto de España representado por el gobierno de Madrid. La apuesta del PSC en el tripartito abría las puertas a una nación desigual.

En los años siguientes se combinaron  las “urgencias del nacionalismo” y la marca de Caín -escorpión que atraviesa el agua a lomos de la rana, “te pico aunque muramos los dos cruzando el lago”- consustancial a la Derecha Carpetovetónica. El cóctel explosivo haría el resto. CiU si pone  en un hipotético estado nuevo el marcador de responsabilidades a cero puede huir de la inmensa corrupción que la atraviesa y el PP sabe que para una parte nada desdeñable de la población,  una buena envoltura en la bandera tapa el hedor de su podredumbre.

Y convidada de piedra queda esa Izquierda contradictoria que un día parece decir “federalismo” y al siguiente proclamar un “derecho a decidir” con la ambigüedad suficiente para no decantarse por un “Si” claro a la Independencia o por el “No“ rotundo de quien tiene un modelo de estado propio, ese que niegue a la vez la monarquía borbónica y una hipotética república catalana con modelo económico y social heredero del pujolismo.

Mientras que dedicábamos nuestras neuronas a recitar de forma vaga y difusa a Gramsci, hete aquí que a lo tonto, a lo tonto, la burguesía catalana se ha salido del planteamiento teórico y a través de sus brazos articulados ANC y Omnium Cultural ha construido el tejido social que hace posible  el relato hegemónico.

En esta fase ya no importa la veracidad o no de muchos de los argumentos de los vendedores  (“España nos roba, somos más del cincuenta por ciento de la población, la Arcadia espera tras la declaración de Independencia…”) sino que millones de potenciales compradores están dispuestos a adquirir el humo como si fuese nuevo. Y  en el devenir de la Humanidad la épica del relato, junto a la Economía -se non è vero, è ben trovato- ha sido también un potente motor de la Historia.

El escalofrío recorriendo la piel al son de un himno o la mirada embelesada a la bandera. Vuelve a funcionar la “Unión Sagrada” con el proletariado nacional defendida por la burguesía como mejor garante del dominio de clase. Y esa paradoja – la senyera translúcida resalta la viga en el ojo del corrupto ajeno pero tapa el pilar de hormigón que atraviesa la pupila del corrupto propio- se está viviendo estos días en Cataluña.

Más que nunca nos hacen falta personas con criterio, templaza y capacidad de síntesis. Todos los habitantes de España sabían que Rajoy (en la parte está incluido el todo de su partido), como dicen en mi pueblo, tenía “más peligro que un tonto con una caja de bombas”. Lo que no esperábamos es al espontáneo  que a las nueve de la noche saltó al ruedo con más gasolina para prender la mecha. Por desgracia desde las nueve y diez de la noche esa hipótesis de locura se ha convertido en un “hecho real”.