Esta frase como afirmación rotunda, sin la más mínima interrogante, se difundía el lunes desde las rotativas y televisiones de las grandes empresas comunicativas europeas. Las mismas que durante toda la precampaña y campaña de las elecciones presidenciales francesas han apoyado incondicionalmente al hombre señalado por todos los poderes “serios” de Francia y de Europa para ser el presidente necesario para mantener el orden establecido por la UE de los banqueros y los mercaderes.

Y Macron ganó, a pesar de no representar a ningún partido, pero apoyado por los lideres de otros como Hollande, del partido socialista, que lo prefiere al de su propio partido. Aunque 1 de cada 4 electores no participó y el 12% de los que lo hicieron votaron en blanco o nulo. Obtuvo el 66% de los votos válidos frente al 34 % de su oponente. Es decir ha recibido el voto de un tercio del censo, unos 20 millones frente a los 11 de la señora Le Pen y 12 que no han querido elegir entre la derecha ultraliberal y la derecha racista.

Según estos datos habría que concluir que dos terceras partes del electorado francés son “radicales”. A lo que habría que añadir los votos “barrage” (dique) recibidos por Macron de “radicales de izquierdas” para frenar a los “radicales de derechas”.

Pero lo importante es que se ha evitado el peligro del radicalismo, supongo que en la acepción de “reformas extremas”, porque no creo que todos esos magníficos analistas políticos consideren peligroso “ir a la raíz” (la otra acepción del término).

Todos los gobiernos de la UE y las buenas gentes pueden respirar y tranquilizarse. Macron va a continuar las reformas “moderadas” y tan necesarias, aunque la mayoría de la población francesa no las entienda y se haya enfrentado a ellas en los últimos años, como: 100.000 funcionarios menos, reformas laborales para facilitar la economía (despido libre, contratos parciales, aumento de la edad de jubilación, rebaja de las pensiones…), incrementar la privatización de los servicios públicos, profundizar las políticas monetarias europeas que tanto se han denunciado, reformas fiscales para que los ricos paguen menos y aumento del IVA, seguir sin rechistar las decisiones de la Troika y de los grandes bancos… En política internacional se ha evitado el peligro de las políticas de paz y neutralidad que propugnaban los extremistas y se afianzarán las alianzas con la OTAN y EEUU incrementando la participación en las guerras como la de Siria, sin necesidad de la aprobación de la ONU. Frente al racismo del Front National contra los inmigrantes se impondrá la política de la UE, seguir pagando a Turquía y otros países para que les impidan el paso, rechazando el radicalismo de la France Insoumise que pretendía considerar francesas a todas las personas que vivan en Francia.

"Macron para cenar"

Todo esto y muchas más medidas profundizando en la línea de las políticas de los gobiernos anteriores se llevarán a cabo, siempre que el Parlamento, que debe constituirse tras las elecciones legislativas de Junio tenga mayoría afín al recién elegido presidente.

Conseguir esa mayoría es ahora el trabajo intenso de todos esos poderes que han conseguido en varios meses crear un presidente de la República sin partido y sin la etiqueta de “populismo” que se guarda para las otras formaciones. El problema es que a las elecciones legislativas se presentan listas en las distintas demarcaciones, y habrá que inventarse muchos candidatos y candidatas en poco tiempo, aunque parece claro que los llamados partidos “tradicionales” están desaparecidos y muchos de sus antiguos dirigentes engrosarán las filas de ese movimiento, En Marche, que volverá a ser presentado como la salvación moderada.

Está por ver si se presentan las mismas formaciones y si consiguen resultados semejantes a los de la primera vuelta de las presidenciales, donde cuatro de ellas tuvieron diferencias mínimas entre sí, rondando el 20%. Y si visto el resultado final de éstas últimas no llegan a acuerdos entre algunas para presentarse juntas desde el principio. En el caso de la izquierda, sumando los resultados conseguidos por los 4 candidatos habrían sido los primeros con diferencia, mientras que el que más consiguió, Melenchon, no pasó a la segunda vuelta por 600.000 votos.

El electorado francés se verá de nuevo obligado a decidir entre sus contradicciones: apoyar los movimientos y partidos que quieren acabar con las políticas de los últimos años, haciendo oídos sordos a los continuos y abrumadores consejos, advertencias y amenazas de los poderes y sus “mass media” sobre los peligros del populismo radical en sus distintas vertientes; o volver a respaldar las mismas políticas que dice rechazar, con caras y siglas nuevas, para seguir luego combatiéndolas como vienen haciendo en los últimos años.

José Antonio Naz Valverde, miembro del FCSM y del Colectivo Prometeo.

Fuente: Colectivo Prometeo